Arte Básico-Elemental

Presentación del proyecto en la Fundación Fidas Isla de la Cartuja. Sevilla.
Performance.
Noviembre 1995

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Performance


Continúa el arquetipo, la base del desarrollo artístico anterior, que se manifiesta en una mutación irracional de elementos y objetos. Este desarrollo casual ha incidido, prefijando en el instinto sensorial, vibraciones emotivas, que por su naturaleza invita a una dignificación y consideración de la materia.
El desprecio, la pérdida de valor, el gesto desconsiderado a lo no útil; actos intuitivos que entre cánticos de musas generan en el interior, unas manifestaciones que a nuestro pesar, se nos escapan de la tolerancia, la solidaridad, el respeto y la comprensión que tenemos que manifestar como demócratas puros creados en libertad.


La materia, objetos arqueológicos rescatados de la crueldad del consumo, de la violencia racista de la producción, se centran en una base cuya trayectoria los deja atrapados en el espacio, dentro de una línea espiral con un final mudo. Es el vacío de la araña sin trama, sin posibilidad de desarrollo al torsionarle de forma empírica, cada una de sus extremidades.


Eliminar, reciclar, producir, consumir..., eliminar. Seguir alimentando una mentalidad burguesa donde la rigidez de las exigencias cotidianas que nos imponemos, consiguen frente a la ironía de un quehacer feliz, la frustración del desprecio a la propia materia; al yo que queda atrás en el transcurso del tiempo. Esta aptitud gestual e intuitiva inspira un movimiento; una inercia que centra este sentimiento, en una dualidad morfológica con relación a la rigidez de las líneas que en un sistema de ejes cartesianos, marcan el límite que presenta la imposibilidad de cumplir el esquema organizado de una convivencia, la meta que al final deja sin sentido el desarrollo cotidiano de una vida.


Esta obra sigue el sentido transcendente de la existencia, frente ai consumo poder y placer en que atamos la materia violada y prostituida que con un alo infernal convertimos en objeto de culto, que muestro, que limpio, que mantengo; que hacemos de él la estupidez de la manifestación de nuestra prepotencia, la base de un sentido que tiene un final; el final que llega en la ridiculez que nos hace girar con un folclore, que al toque de gaitas nos forma en círculo, con saltos alante y atrás, giro a la derecha; y tras una sonrisa sin fondo soy feliz. Un instante de risas, un presente vacío, un final frustrado. El elemento desaparece, cayó el mito, estalla la base, el polvo al polvo... y en tu interior el fracaso de la materia que llegó al culmen y que nunca lograste considerar.


Esta obra que presento no lo alcanza, yo tampoco. Por esto considero la opción estática, contemplativa y de quietud; el objeto, sin apreciaciones motoras, el resto de Israel, lo vulnerable, la aspiración, la idea, el pensamiento antes de llegar al éxtasis, el efectuar un recorrido que materializa una realidad indefinida.
Esa realidad, ese desenfreno acaba contemplando un presente entorno a un yo que busca la aprobación y la aceptación, para culminar con el placer que en ese instante termina.


RAMÓN GARRIDO

Así dice el Señor:

¡Jerusalén! Eres cananea de casta y de cuna: tu padre era amorreo y tu madre era hitita. Te arrojaron a campo abierto, asqueados de tí, el día en que naciste.


Pasando yo a tu lado, te vi chapoteando en tu propia sangre, y te dije mientras yacías en tu sangre: "Sigue viviendo y crece como brote campestre." Creciste y te hiciste moza, llegaste a la sazón. Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí sobre tí mi manto para cubrir tu desnudez; te comprometí con juramento, hice alianza contigo -oráculo del Señor- y fuiste mía.


Te bañé, te limpié la sangre, y te ungí con aceite. Te vestí de bordado, te calcé de marsopa; te ceñí de lino, te revestí de seda. Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello. Te puse un anillo en la nariz, pendientes en las orejas y diadema de lujo en la cabeza. Lucías joyas de oro y plata, y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas guapísima y prosperaste más que una reina. Cundió entre los pueblos la fama de tu belleza, completa con las galas con que te atavié -oráculo del Señor-.


Te sentiste segura de tu belleza y, amparada en tu fama, fornicaste y te prostituíste con el primero que pasaba.

(Del libro del Profeta Ezequiel)

No sé. Viendo la carpeta de "Espacios y cosas" de Ramón Garrido he sentido una extraña y fruitiva emoción. Esto me ha traído a la cabeza y a los "los ojos de la fantasía" un sentimiento de nostálgicas vivencias, de olvidos imperativos de la vida, la fenomenológica sensación de lo que no es pero sí ha sido. Confieso que los artistas (actuales y pretéritos) me dicen con desigual fortuna mucho de esa "vastedad" rotunda y misteriosa que conforma mi espíritu cuando son auténticos, no simplemente miméticos o "falsos ", para decirlo con un lenguaje inteligible todavía, de convencional comunicabilidad.

Confieso también que estos espléndidos "fotogramas" me han removido el ánimo como un poeta puro, y me han arrojado a través de una cadena de momentos a la más inefable perplejidad; la angustia como el dice, de ese tiempo existencial definitivamente ido, que nos sumirá en el devenir de lo absurdo y la indiferencia.


Con su "arqueología" de los objetos sencillos (¿qué es lo sencillo y lo complejo?, me pregunto) Ramón Garrido demuestra un gusto y una preocupación que yo le agradezco.

MANUEL CARRASCO

 

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