Dramaticidad existencial


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Es un arte lejano del realismo helenístico, acentuando hasta el límite de la abstracción, a la búsqueda
de una representación espiritualizada y sobrenatural. Su impacto llano y frontal no tocado
por el sentido de lo inmediato, introduce en una dimensión de meditación y contemplación.

Las obras, tanto en la intención, como en la presentación, responden a una clave de interpretación
precisa, sacadas de la dramaticidad existencial del arte occidental, inmerso en una especie
de devota impersonalidad del artista operante, según una codificación estética ya definida
y sancionada.

Cada figura, cada signo, cada curva, cada color tiene un preciso significado religioso, que emerge
de la colaboración teológica de la verdad evangélica, es el arte, en las manifestaciones más
cercanas al pueblo, para las gentes más sencillas y humildes.

Así el desarrollo creativo del artista, está todo dirigido a una representación espiritualizada y
sobrenatural que testimonie los valores no exteriores sino interiores, entendido como “lugares”
del invisible, del inefable, de la devoción y de la cercanía a la esencia divina.

La estructuración de las obras, rítmicamente distribuidas, es llana, delgada, construida sobre
una simetría frontal y sin profundidad, estructuralmente significante, una contemplación estática,
donde lo único dinámico se da en la profundidad espiritual de la obra, y en particular a
través de la humildad de los materiales, a través de los cuales se hace espejo el alma nueva, que
la religión cristiana hace vivir en el cuerpo del hombre.

Las formas aparecen estilizadas, esquemáticas, firmes en una absorta lejanía sin tiempo, desatado,
ideal. El carácter espiritualizado de la obra empuja la mirada a los utensilios utilizados, fuera
de la superficie de la exposición para llevar la atención de todo el que las contempla a una
reflexión interior sobre que es lo fundamental en el existencia humana. Toda la composición
forma una llamada hacia quien está observando la obra, a un inmediato y sobrecogedor impacto
visual, al que sigue la emoción de dejarse llevar por el espíritu.

MIGUEL ÁNGEL SASTRE LÁZARO
Artista - Catequista Itinerante. Valladolid 2004

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