Expo sición Diocesana de artistas jiennenses

Hasta el 24 de noviembre, se pueden ver en el Centro Cultural Miguel Castillejo de CajaSur una exposición celebrada con motivo del año Jubilar, de algún modo, anexa a la Magna Exposición que se muestra en la Catedral. En cita del catálogo, "La idea de realizarla surgió inspirada en la iniciativa, única, que sepamos, en España y posiblemente en el mundo, de un grupo de poetas que, al compás de los años dedicados a la preparación del Jubileo 2000, consagrados a Dios, Padre, Hijo e Espíritu Santo. Ahora, y como fervoroso homenaje, rico en versos y piedad y apretado en páginas, han editado todas estas obras en un solo tomo", cuya continuidad es esta muestra.

Se ha hablado y escrito mucho en torno a la afinidad de la fe católica y la creación artística, incluso de la adversidad que éstas han encontrado en la sociedad actual. Ciertamente, durante el último siglo, estas obras se han visto apartadas de las publicaciones dedicadas al comentario de arte. El mercado ejerce sus leyes y controla hasta que puede hacerlo, difunde los nombres que le interesan y la obra contemporánea de carácter religioso se queda un tanto a trasmano de sus intereses.

También sé puede pensar que cierta parte del rechazo de esta parcela del arte viene de la dificultad de unir la idea que debe llevar implícita la obra de carácter religioso y la libertad de criterios que ha seguido el arte posterior a las vanguardias clásicas, periclitadas como novedad después de 1930. No es seguro que suceda así, el arte se ha adaptado a diferentes momentos estéticos y el solo sentid o del símbolo lo hace crecerse, veámoslo en su arquitectura, más dada a la capacidad de abstracción.

Como señala R. Schwarz, En los primeros tiempos el altar se llamó "Cristo", exactamente igual que se llamaba "Cristo" o "el cuerpo de Cris-to" a muchas otras cosas: a la congregación, a la casa en que se reunía y, muy generalmente, a la tierra. Y se entendía tan a la letra, que se comparaban con el cuerpo de Cristo las distintas partes del edificio: la nave con el tronco, el transepto con los brazos en cruz y el coro con la cabeza. De esta forma Cristo estaba perpetuamente colgado en la cruz, y, como al morir inclinó la cabeza, a veces se daba al coro, al construirlo, un ángulo de inclinación con respecto a la nave. Y así, siguiendo esta imagen cuadraría perfectamente denominar el altar cabeza o corazón del Señor.

Desde el Renacimiento, el concepto de espacio ha cambiado y las obras de arte religioso se han adaptado a ello. Lo que nos separa del contenido suele ser la diferencia de lenguaje y, en tal sentido, la obra de arte, religiosa o no, ha de adaptarse a los códigos estéticos y al espíritu de los días que corren. La Edad Media supo cómo construir iglesias que lo eran de verdad; a nuestro tiempo le falta encontrar ese espíritu de verdad y unos códigos estéticos que los hagan creíbles. Por encima del solo estímulo de novedad debe prevalecer la entidad de la obra artística, y el deseo de divulgar por encima de vulgarizar. La muestra que nos ocupa es elocuente y puede servir para tomarle el pulso a la estética religiosa actual de esta provincia.

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