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Pedro A. Galera Andreu

Presentación de la Exposicion "Caja de Extremadura en Cáceres" Enero 2002

 

 

A VUELTAS CON EL OBJETO

Ahora que empieza un nuevo milenio, de pronto, parece que se nos agolpa la larga estela del paso del hombre por este planeta, jalonada por un sinfín de artefactos, de objetos, de cosas, en suma, que salidos de su mano, o mejor, de su cabeza para ser ejecutados por su mano, son las huellas de un andar preciso. Tan preciso, tan ajustado a sus necesidades para sobrevivir, que raramente los apreció más allá del estricto uso. Diríamos que los pensó lo justo para elaborarlos, unirlos íntimamente a su existencia y llevarlos como su propia vida a la inevitable caducidad... Sin embargo esos objetos por su misma terquedad material han sobrevivido mal que bien y en su heroica resistencia han logrado que muchas generaciones después otros hombres volvieran su mirada reflexiva sobre ellos y descubrieran además de lo útil lo poético que llevaban dentro, es decir, lo que de creativo habían dejado sus antepasados.

Para que esto ocurriera se hubieron de dar dos circunstancias. Una, la aparición del concepto moderno de arte, en cuanto que valoración ante todo de la idea creadora existente detrás de cada forma. Otra, la abrumadora producción de artefactos que la Revolución Industrial introdujo en la relativamente apacible vida del Antiguo Régimen. Ambos fenómenos, Arte y producción industrial, parecen reñidos de entrada y de hecho una determinada actitud de la estética romántica ha rechazado de la impoluta y espiritual casa del Arte la grosera materialidad de la fabricación seriada, no manual, sin querer ver que detrás de esa serialidad hay un diseño previo, cien veces experimentado, depurado hasta una extrema perfección, antes de pasar a la cadena de producción. En esta cuenta debieron caer esos dos artistas indiscutibles del siglo XX, Brancussi y Duchamp, el día que se rindieron ante la belleza de una hélice de un motor de aviación o la admiración de F. Léger ante el cilindro del cañón de un arma de fuego. Belleza y metáfora de un modo de vivir presidido, se quiera o no, por la hegemonía de los artefactos mecánicos. Con ellos hemos aprendido a mirar de otra forma ese mundo, en principio frío y metálico, para encontrar el fuego de la creación; la recuperación de una poesía.

Creo que esto es lo que nos pretende mostrar RAMÓN GARRIDO, quien por su condición de arquitecto, íntimamente familiarizado con el diseño de espacios construidos, de "máquinas para vivir" -si se sigue el concepto corbuseriano de casa-, descubre emocionado humildes elementos que intervienen en ese proceso y los presenta en su fragmentación, deformación, azarosa combinación, enmohecidos, deformes, contaminados, como una poderosa y sugestiva evocación de nuestro paso actual por este camino de la historia que nos ha tocado vivir, sin duda no tan seguramente proyectado hacia delante, con el empuje y la rectitud vectorial que todavía soñaban la realidad la mayoría de las iluminadas vanguardias de comienzos y mitad del siglo XX, sino con la más escéptica actitud del andar sinuoso y melancólico que nos ha instalado la crisis de la "Modernidad".

Pedro A. Galera Andreu

 

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