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Juan de Aizpuru

Presentación de la exposición Colegio de arquitectos de Jaén. 1993

 

ESPACIOS CON COSAS

Como el "poverello" de Asís, de "mirabilis vita", el humilde y bueno Francisco " hermana flor, hermano lobo, incluso, que ya es amar, hermano hombre, -el arquitecto jiennense Ramón Garrido- hermana tuerca, hermana viruta, incluso, hermano hombre- también hace amor con sencillez y humildad. Y al hacer amor, también hace arte. Un arte especial, espacial jugando con el azar, hado, destino, casualidades.
No es claramente escultura, pero es arte, creación, que tiene formas, volúmenes, color, textura, tiempo y ritmo. No es "pop-art" o "new dada"; no es escultura sígnica, hija del ZEN; son esculturas "stabiles" que pueden ser móviles cambiando el criterio.
Me interesa como lo hace, como llega al conjunto final. Escoge un objeto, o parte de él, siempre hecho por el hombre, que tubo o pudo haber tenido una misión en la vida-máquina, herramienta, balaustrada, cuna y que ha dejado de ser. Ya es historia o, más triste todavía, ni siquiera pudo llegar a ser historia.
Al escoger estos elementos ya hay una clara alusión al trabajo creador del hombre, a un principio de arqueología industrial, a la nostalgia y a la decadencia. Cada elemento canta con Jorge Manrique "cualquier tiempo pasado fue mejor".
Con estos elementos hace "instalaciones" con un determinado criterio de volumen, de peso, de color. Es donde aparece el arquitecto -los números-, el poeta- la repetición, el tam-tam", la reiteración de un mismo diseño", como dice Francisco Rico el músico en los ritmos. Esa mezcla muy buscada, muy trabajada, nada casual, de objetos y la colocación de ellos según una norma, una repetición, un ritmo, se transforma en una artística instalación.
Como decía Azorín de las buenas obras de arte, también se oyen en éstas lo que dicen. Y sus "espacios con cosas", sus instalaciones, dicen tristes canciones del ayer, de cuando tenían vida y valían para algo.
Las hizo el hombre como cosas útiles, las tiró el hombre cuando le sobraron y otro hombre, Ramón Garrido Martínez, las recogió con cariño y las despertó para hacer de ellas unas instalaciones poéticas llenas de resurrecciones.

JUAN DE AIZPURU

 

 

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