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Manuel Urbano

Presentación de la Exposicion "Caja de Extremadura en Cáceres" Enero 2002

 

 

Las cosas y sus destinos


Algunas interrogantes, desde luego subjetivas, sobre la obra de Ramón Garrido
Con un lenguaje tan personal como anclado en nuestro propio tiempo, la obra de Ramón Garrido se me viene como una madura reflexión sobre la existencia o, si lo prefieren, como mía sobria y soberbia metáfora sobre la creación o la vida, o el espíritu que anima a la materia, algo que a la postre, a mi ver, viene a ser lo mismo.


Ante estas obras, las más procedentes de materiales desechados del uso para el que originalmente fueron concebidas, uno se sorprende al comprobar cómo ellos han tomado una nueva identidad sin perder la corporeidad que les definía, reafirmando, así, el viejo aserto - tan inquietante, por otro lado- de que la materia no se destruye, sino que se transforma; en este caso por la mirada atenta y creativa del autor que cala en cuanto de expresión simbólica tiene cada objeto, por lo que le hace brotar en obra de arte; una obra de arte, nos apresuramos a decir, que perturban nuestra mirada, a la par que agitan la conciencia puesto que nos sitúan, ante la presencia de otra presencia.


Lo hemos dicho, el resultado, por el cambio sufrido, es inequívocamente intrigante, pues invita a caminar hacia adentro a una serena meditación que nos conduzca a una especie de gran caer en la cuenta sobre la misma naturaleza del ser.


Y aquí en mi opinión, puede radicar el fin último pretendido por Ramón Garrido, pues el conjunto de estas obras no es distinto a una reposada dialéctica entre la calma y el desorden la que se vale de unos registros, como pueden serlo un recuerdo ambiguo, el que aporta los materiales que se dan cita. También puede ser la conjunción de lo absurdo con la máxima racionalización, de cuya chispa salta la llama de la más pura poética.
Puede que estemos ante las cosa y su destino. Mas sobre ello, como en cualquier obra de arte que se precie, lo fundamental no radica en su significado, ni en su sentido - que es múltiple y abierto -, sino en su propia presencia, en la tracción que sobre nosotros ejercen precisamente por estar ahí, ocupando su justo sitio.


Así considerada, la obra de Ramón Garrido surgiría del intento y la necesidad no d poner orden, sino de situarse en el desorden. De ofrecérnoslo hasta hacernos partícipes de él. En suma, nos ofrece las más contradictorias y entrelazadas formas de las cosas, del mundo y nuestra propia hora. Nos presenta el laberinto en el que habitamos y nos invita a marcar nuestra propia huella.

Manuel Urbano


 


 

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